9/07/2007

Un atleta incansable

Cuando más aprendes, más actividades haces, más vivo te sientes, más descubres y en definitiva cuando más disfrutas, el tiempo pasa volando. En cambio cuando sufres o tienes una mala época pasa lentísimo y harías cualquier cosa para que pasase ese día, esa semana o ese año.
Ya llevo un mes en México y si bien los nombres de Hidalgo, Morelos, Benito Juárez, Porfirio Díaz... (por citar algunas personalidades relevantes de la historia de este país) ya no me resultan ajenos, siento que no aprovecho mi estancia al máximo y que me gustaría desentrañar muchos aspectos culturales y folclóricos todavía enigmáticos, conocer más pueblos, ciudades, montañas y playas; saborear más frutas, tortillas, probar todas las combinaciones posibles de tacos y aprenderme corridos y rancheras de memoria.
La ansiedad por descubrir cosas es ilimitada y la magnitud de información inabarcable. Y como siempre, tenemos detrás a un velocísimo atleta que nos pisa los pies constantemente y de manera molesta.
Llevo entrenando todo un mes pero por más que corro, por más que voy al gimnasio, por más que me esfuerzo y me empeño en vencerlo no hay manera de rehuirlo ni perderlo de vista. Es un competidor nato, invencible. El tiempo, maldito tiempo (y esta vez no me refiero al climático).

8/14/2007

Climatología

Cuando te vas a vivir a otro país lo primero en que piensas es en la ropa de abrigo que vas a necesitar y en cómo influirá ese clima en tu estado anímico. Dicen que el mayor índice de suicidios se encuentra en Finlandia. La oscuridad y el frío que hace son probablemente un determinante importante de las depresiones que en ocasiones acaban trágicamente.
Cuando los jóvenes deciden irse un año a vivir a Europa con la famosa beca Erasmus que hoy en día nuestro gobierno concede a todo quisqui, los destinos preferidos son España e Italia. Allí hace calor, buen clima y por consiguiente más alegría y jolgorio.
Pero cuando cruzas el charco el clima es muy diferente. Si dices que te vas a México todo el mundo te envidia y piensa: ¡qué calor!, podrás gozar de una siesta bajo un gran sombrero después de haberte comido unos tacos con guacamole... Bueno, la verdad es que el sol sí aparece todos los días, si no los mexicanos no se caracterizarían por su tez oscura y gruesa, pero lo de la siesta al aire libre no es muy recomendable en esta época del año, ya que de un momento para otro cae una tormenta repentina que puede arrugar y empapar tu típico sombrero en un instante.
La euforia de mis primeros días se ha visto afectada por este clima tan extraño al que los españoles no estamos acostumbrados. Amaneces con un frío en los pies y un escalofrío que influyen en tu decisión de ponerte zapatillas y pantalones largos. A las 12 o 13h el sol es tan fuerte que te arrepientes de la elección de tu indumentaria y darías cualquier cosa por quitarte tus zapatillas acrílicas. Si tienes tiempo y ganas vuelves a tu casa para cambiarte, ponerte tu minifalda y mocasines y disfrutar del sol, pero... inesperadamente aparece un viento huracanado acompañado de una lluvia que cae como piedras enfriándolo todo de nuevo.
Si nuestros ánimos dependiesen exclusivamente del clima, los mexicanos serían tan inestables que asustarían... Tristeza, alegría y nostalgia, todo en un mismo día.

7/20/2007

Recordando


Cinco miradas de frente y todas desviadas,
Tres segundos de palabras y seis minutos de silencio,
Sólo recuerdos.

Son los cimientos en ruinas
salpicados por la arena del xaloc,
removidos por las aguas internas,
fustigados por grúas incesantes que construyen
bloques de viviendas inhóspitas en las periferias

amalgama de deseos y huidas,
de ilusiones y fracasos,
de la guitarra española en una copla
y la eléctrica potente en un solo heavymetalero

si giras la cabeza como Orfeo
su silueta se desvanece con el estridente dolor
del olvido obligado,
si caminas erguido sin darte la vuelta
su definida imagen se oscurece y
se envilece contigo.

7/19/2007

A destiempo

La inactividad mental suele ser producto del verano y en realidad debiera ser al contrario. Tenemos más tiempo, estamos de vacaciones y es el momento adecuado para poder leer todas esas obras que han cogido polvo durante el invierno. Disponemos de horas enteras para proyectar nuevos planes, para hacer cosas que deseábamos hacer pero que nuestras obligaciones nos impedían y en definitiva, podemos alternar momentos de descanso y relax con otros de actividad y movimiento. Es la época ideal para aprender muchas cosas.
Pero como tienes tiempo empiezas a posponerlo todo, a dejar las cosas para más tarde, a buscar las posturas más cómodas que te ofrece el sofá de tu casa y por lo tanto, los días empiezan a volar como si huyeran de nosotros. Te paras un momento a pensar y te das cuenta que la semana se ha esfumado y que el sumario de lo productivo se reduce a unas pocas líneas escritas y a unas hojas leídas.
Vamos a destiempo aunque en cierto sentido se explique nuestra inactividad por el calor que abotarga nuestros cuerpos y mentes haciéndonos perecer continuamente en el sueño.
Ahora que se acaban mis días de sosiego y no dispondré del tiempo necesario para escribir, decido reanudar este blog, anuncio mi vuelta a este curioso sistema de comunicación-escritura-reflexión. Siempre a destiempo.
No haré vaticinios ni promesas como otras veces aunque las circunstancias de mi estadía en México parecen propicias para retomar este blog más o menos en serio.

3/27/2007

Pobres palabras

En los círculos que frecuento existe una especie de mito del lenguaje en el que la utilización de vocablos pomposos y rimbombantes se vincula a una especie de genialidad e inteligencia propia de esa persona culta que tanto anhelamos ser.
Se tiende a emplear la retórica como alarde de una educación o formación académica que se limita al uso de palabras superfluas de gran sonoridad y forma pero vacías de contenido. Bueno, en realidad, no son las palabras las culpables sino las víctimas, no son ellas las que no tienen significado sino que es su uso, el empleo que se les da y el contexto en el que se las ubica el que les roba todo el contenido que pudieran tener.
Las palabras están expuestas a un terrorismo continuo cuyas violaciones se observan sobretodo en la escritura. Hoy en día todo el mundo escribe ( y de esas maneras), todo el mundo es poeta (y además se lo creen) y se habla demasiado para decir a penas nada.
Quizás ahora mismo esté abusando yo misma de ellas... Pobres palabras.

3/24/2007

La inspiración

Aparece cuando le da la gana, cuando no puedo dedicarle mi tiempo y las condiciones sociales o personales en las que me encuentro no me permiten hacerle ningún caso. Es entonces cuando normalmente asoma su cabecita por la puerta lateral de mi mente y me llama. Tiene ganas de jugar.
Ahora no puedo, le digo. Vuelve más tarde. Se va refunfuñando y amenaza con que no volverá.
Ando todo el día de pelea con ella, nos gritamos, nos tiramos de los pelos e incluso a veces se cruzan algunos cachetes. Es la peor de las hermanas pequeñas que te fastidian y molestan continuamente cuando estás haciendo otras cosas más urgentes e importantes que no puedes dejar en ese momento.
Nunca sale de su cuarto cuando a ti te apetece, entonces está durmiendo o ha ido a dar una vuelta con su mejor amiga.
Me pone nerviosa, lo reconozco, no puedo controlarla y me cuesta hablar con ella porque carezco de tiempo y a veces ni siquiera le doy importancia. Debería escucharle cuando me lo pide y no ignorarla. Supongo que es la certeza de saber que en cualquier momento volverá a mi cuarto la que me impide prestarle siempre atención. En el fondo me necesita para liberarse, me digo, en el fondo sé que me quiere y no me abandonará. Es lo más probable pero a todas las relaciones, ya sean amistosas o fraternales, hay que dedicarles un cierto cuidado porque a veces la indiferencia con la que las tratamos causa tal agravio que es difícil de olvidar.
Me he dado cuenta que tengo que pedirle perdón cuanto antes para no perder su apoyo, ya que a pesar de que con frecuencia cuando aparece no es bienvenida, su eterna ausencia puede ser caótica.

3/06/2007

La tormenta

Un río surcó su rostro abriéndose camino intempestivamente como si la causa fuera la destrucción de una presa que se hubiese desbordado y el agua hubiese roto sus paredes destruyendo el complejo entramado de estructuras estudiadas de alta ingeniería.
Había caído una fuerte tormenta con rayos, truenos y relámpagos. Era una de esas tormentas de verano que nos pillan desprevenidos interrumpiéndonos sin avisar.
Unos minutos más tarde se calmó el ambiente. Se alejaron los truenos y sólo oíamos sus ecos. Los nubarrones desfilaban siguiendo los destellos de los relámpagos que huían corriendo.
Mientras, el caudal del río menguaba y su rostro, a oscuras, se había dividido. Entonces se observaba a contraluz un arroyo, un angosto camino. Fijándonos y acercándonos más sólo se percibía un leve reflejo húmedo y sin limpiar. La tormenta, entonces, amenazaba en su carrera a otros rostros.