3/24/2007

La inspiración

Aparece cuando le da la gana, cuando no puedo dedicarle mi tiempo y las condiciones sociales o personales en las que me encuentro no me permiten hacerle ningún caso. Es entonces cuando normalmente asoma su cabecita por la puerta lateral de mi mente y me llama. Tiene ganas de jugar.
Ahora no puedo, le digo. Vuelve más tarde. Se va refunfuñando y amenaza con que no volverá.
Ando todo el día de pelea con ella, nos gritamos, nos tiramos de los pelos e incluso a veces se cruzan algunos cachetes. Es la peor de las hermanas pequeñas que te fastidian y molestan continuamente cuando estás haciendo otras cosas más urgentes e importantes que no puedes dejar en ese momento.
Nunca sale de su cuarto cuando a ti te apetece, entonces está durmiendo o ha ido a dar una vuelta con su mejor amiga.
Me pone nerviosa, lo reconozco, no puedo controlarla y me cuesta hablar con ella porque carezco de tiempo y a veces ni siquiera le doy importancia. Debería escucharle cuando me lo pide y no ignorarla. Supongo que es la certeza de saber que en cualquier momento volverá a mi cuarto la que me impide prestarle siempre atención. En el fondo me necesita para liberarse, me digo, en el fondo sé que me quiere y no me abandonará. Es lo más probable pero a todas las relaciones, ya sean amistosas o fraternales, hay que dedicarles un cierto cuidado porque a veces la indiferencia con la que las tratamos causa tal agravio que es difícil de olvidar.
Me he dado cuenta que tengo que pedirle perdón cuanto antes para no perder su apoyo, ya que a pesar de que con frecuencia cuando aparece no es bienvenida, su eterna ausencia puede ser caótica.

1 comment:

Víctor said...

Yo esto de la inspiración lo veo de otra manera. Creo que nuestro verdadero yo es esa inspiración, esa intuición misteriosa. Esa intuición desatada es la que nos permite llegar a sitios a los que nuestra mente lineal no podría llegar. Pero tras estos breves momentos, nuestra "mente común", cual fiel secretaria, toma el mando después de que la reina le haya puesto el trabajo en la mesa.

Haciendo la inevitable comparación electrónica(dime mecanicista), nuestra personalidad normal, no inspirada, es una especie de medida de seguridad para que no se queme el circuito. Sin ella, con nuestra mente trabajando a saltos increibles e insondables, podríamos acabar con nuestra estabilidad mental debido a nuestra necesidad de conformismo, de estabilidad de rebaño. O si lo prefieres, es el velo que nos ponemos ante los ojos, ya que mirar el sol durante mucho rato los quema.

Tal vez es por esto por lo que algunas mentes privilegiadas, tanto artistas como científicos, sobretodo aquellos que casi despidieron a la mente secretaria, tienen vidas tan turbulentas; se quemaron la mente de tanto ver el sol.