11/29/2006

Anónimos

Recuerdo los primeros anónimos como algo emocionante. En el colegio las chicas solían recibir notitas para San Valentín con mensajes breves pero excitantes de algún admirador secreto.
El último anónimo que recibí fue el año pasado y la emoción todavía era mayor ya que al subir de nivel (de colegio a universidad) las sensaciones también habían crecido e incluso el nivel adquisitivo (en la infancia recibí una vez un clavel rojo y esta vez era ¡todo un ramo de rosas el que acompañaba la nota!.).
Cuando éramos niños normalmente corrían rumores y algún chivatillo te comentaba quién había sido el autor mientras que en otras nunca llegaba a destaparse pero aún así casi siempre nos ilusionábamos con los anónimos. A veces era incluso mejor no descubrirlo porque cuando el misterio se convertía en realidad solía perder su encanto.
En anónimos amorosos aunque a veces no son correspondidos siempre se lleva uno una alegría. Cuando eres niño quizá le das menos importancia pero según vas haciéndote mayor vas apreciando más que alguien te muestre su aprecio.
Estos anónimos aunque en determinadas situaciones nos crean miedo e inseguridades suelen tener un buen motivo y no están dirigidos con mala intención, pero hay otros que a mí me causan pavor como son los anónimos cibernéticos.
Internet está poblado de blogs, foros y grupos donde puedes expresar tus opiniones libremente sin necesidad de mostrar tu identidad. En una época arcaica donde la libertad de expresión no era un derecho humano se entiende que se utilizasen pseudónimos para evitar problemas sobre todo si estaba en juego tu vida, pero hoy en día es absurdo tener que ocultarse bajo los más diversos disfraces que lo único que muestran es la cobardía y falta de personalidad del que habla quien no puede dignarse a apoyar una opinión con un cuerpo por miedo a dañar su nombre. Esto trae bastantes consecuencias ya que hoy en día hay tanto estúpido por ahí suelto que se puede decir lo que a uno le venga en gana en cualquier momento. Es la pérdida absoluta del valor de la palabra y de la reflexión que conlleva utilizarla.
Para ejemplificarlo citaré dos experiencias personales que he tenido con estos anónimos, una en la que caí en la propia trampa tratando con ellos y la segunda en la que un ser cercano intentó razonar con ellos y tampoco lo consiguió.
En la primera salí muy mal parada ya que era en un foro de mi banda e ingenua de mí pensé que internet era un medio bueno para discutir ciertos temas. Muchas veces las ideas se plasman más ordenadamente por escrito y los arrebatos violentos se dejan a un lado expresándonos más racionalmente. En un principio establecí una especie de conversación con un anónimo “serio” (por clasificar los distintos anónimos aunque cualquiera que no de la identidad no puede ser caracterizado como serio). Todo aquel que leía mis comentarios los relacionaba con mi persona y les ponía una cara mientras que la otra persona permanecía en el anonimato. No sé por qué entre en el juego, supongo que porque se apelaba a mi persona y al fin y al cabo el tema me era concerniente, pero al final no se consiguió absolutamente nada. La gente supo lo que yo pensaba y en ciertos temas me entrometí demasiado dando nombres y hablando claro mientras que yo lo único que obtuve eran las opiniones de compañeros míos de la banda a los cuales no podía poner nombre. La sensación fue horrible ya que iba a los ensayos y no podía mirarlos de la misma manera, no sabía quien era el contrario, o incluso el enemigo, ya que al final también tomaron parte de la conversación los anónimos “sinvergüenzas” que con absoluto descaro se atreven a insultar a las “personas” (pensamiento e identidad) que participan en la conversación.
La segunda experiencia fue hace dos días cuando observé que un cercano mío era insultado. Obviamente el insulto no es el que daña, sobre todo proviniendo de esos anónimos “sinvergüenzas”aunque cuanto más joven y más inseguro se es nos afecta más, sino el peligro que puede llevar consigo. Esta persona tiene un blog serio y la simple idea de que pudiesen boicotearlo con estúpidos comentarios me infundó un profundo temor.
Se que nunca ocurrirá nada parecido con este blog ya que sólo unos pocos conocen su existencia y si alguien escribe alguna tontada sin remitente lo ignoraré, pero la verdad es que nunca se me pasó por la cabeza la posibilidad de que los esfuerzos de alguna persona se pudiesen ver dañados por “sinvergüenzas” anónimos.
Afortunadamente este miedo se va paliando con la edad y con experiencias como ésta. Pero sin duda hay que tener cuidado. Conozco un caso alucinante en el que a un amigo le robaron no sólo su nombre para escribir su opinión sino también su imagen. Ahí la identidad si que corre peligro...y pensar que internet parecía inofensivo...

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