Reinas
The Queen es una de las películas interesantes que hay en cartelera. Representa con precisión el gobierno y la casa real británica en un serio acontecimiento como fue el movimiento de masas generado por la muerte de Lady Di.
La película no tiene desperdicio como documental informativo y además pone de relieve el carácter carismático de uno de los políticos europeos más dignos de alabanza como es el laborista Tony Blair, lo cual me alegro, ya que últimamente ha caído en el menosprecio por su error al apoyar al presidente George Bush y su consecuente participación en la guerra de Irak.
Pero lo que sin duda me gustó de la película fue lo bien que representa la sociedad inglesa. La reina está fabulosamente interpretada con sus cuidadas formas, su poder absoluto e irrevocable, su elegancia y acomedimiento y su orgullo real. El problema es que ha sido imitada erróneamente por muchas mujeres inglesas dando lugar en determinadas ocasiones a un feminismo igual de preocupante que el machismo español. Y es que la imposición, la dictadura y el creerse que uno tiene la verdad absoluta siempre es algo horrendo. Pero bueno, esta es una conexión particular que ha realizado mi mente por motivos personales.
En lo que realmente quería centrarme es en cómo se representa en la película la vejez, en especial en la figura de la reina.
Intentando olvidar que esa mujer mayor es una poderosa reina, su elegancia y autoridad deberían ser cualidades propias de toda persona mayor. Los ancianos de hoy en día que han perdido el contacto con sus familias y que por distintos motivos han sido descuidados están generalmente muy demacrados y algunos son tratados igual que si fueran niños. Aunque la vejez sea en cierta manera una vuelta a la niñez no se les puede perder el respeto y mandarlos callar como si tuvieran dos años ya que olvidamos un factor muy importante que es la experiencia vital que poseen. A veces me quedo indignada de cómo se trata a ciertos mayores, aunque también hay que decir que todavía me quedo más maravillada ante ciertos comportamientos de ancianos sinvergüenzas.
Pero la reina es un modelo para todos ellos. Tiene una elegancia, honradez y autoridad sólo entendible si se tiene en cuenta su edad. ¡Ojalá todas las personas mayores fueran así!
Es difícil ser como ella. Aún así, en mi cercanía he encontrado también esas cualidades dándome cuenta de que he estado rodeada de dos reinas: una de presencia siempre elegante, refinada y de dignas formas, lo que se llamaría en definitiva una gran señora, y la otra, llena de energía autosuficiente, siempre pendiente de sus sucesores y de una generosidad pasmosa.

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