11/20/2006

Dependencia

Los seres humanos tendemos en cierto sentido a la dependencia. Es frecuente sentirnos vinculados a algo o a alguien hasta tal punto de tener miedo a la soledad. Lo más gracioso es que muchas veces no nos damos cuenta de nuestra pequeña dependencia hacia esas personas y es cuando la ausencia de las mismas se hace patente cuando nos entra una especie de pánico aterrador.
Esta situación es bastante frecuente en la juventud, en las primeras parejas y en las primeras verdaderas amistades cuando los sentimientos están a flor de piel y descubrimos cantidad de cosas que nos hacen cambiar y crecer.
Existen muchas parejas de jóvenes que llevan juntos desde hace 7 u 8 años y a nuestras edades eso acarrea fuertes consecuencias ya que muchas de ellas ya no tienen nada en común pero por miedo a verse solos no terminan la relación. Y en cambio aquellas parejas que después de tantos años la terminan se ven afectadas por una gran perturbación.
Cuando nos acostumbramos a vivir con una persona, a hacer muchas actividades con ella, a compartir buenos y malos momentos, grandes discusiones o simplemente la cotidianidad del día a día, sin darnos cuenta, acaba formando parte de nosotros hasta tal punto que la separación nos resulta casi imposible.
En el tema de parejas el problema se agravia más que en las amistades pero en ambas ausencias nos entra la melancolía y la nostalgia de tantos recuerdos y tantas cosas que se han vivido juntos que la añoranza es durísima. Entonces se despierta en nosotros una fascinante capacidad para relacionar y vincularlo todo en dirección a esa persona, hasta la más mínima tontería parece remitirnos a ella.
En esta ausencia, en esta recuperación de la libertad es cuando nos damos cuenta de lo dependientes que éramos o de lo que esa persona significaba para nosotros. Los psicólogos y psiquiatras se forran gracias a este síndrome de dependencia. Incluso diría que esa dependencia es peor que una droga y por lo tanto intentar dejar ese vicio es algo complicado...
Lo peor es cuando por culpa de la distancia la ausencia se hace inevitable y con aquella persona con la que compartías casi todo ya no puedes ni tan siquiera tomarte un café. Además a partir de esa separación cada uno hace su camino y es inútil intentar creer que las cosas no cambiarán.
En un momento inicial asusta el separarse pero ese miedo físico es el menos importante. El miedo superlativo es pensar que si con esa persona has cambiado tanto, en un futuro próximo cambiarás con muchas otras y entonces esa relación tan íntima ya nunca será la misma.

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