12/12/2006

La competitividad

Se promulga la competitividad a toda costa. Hay que cursar todas las asignaturas posibles, obtener la máxima nota, apuntarse a conferencias, coloquios, debates, saber idiomas, hacer másters... porque estamos condenados al paro seguro.
Ese miedo infundado de no obtener trabajo corrompe a los alumnos induciéndolos en ese espíritu de la competitividad. Hay que ser muy bueno, superar al compañero e incluso ser el mejor. No importan los medios de los que se disponga ni las acciones que se lleven a cabo, todo está permitido si logramos nuestro objetivo. La moralidad se pierde y la conciencia parece no existir hasta tal punto de que los buenos son los que se ven desfavorecidos y se ven obligados a adoptar una desconfianza que nunca se hubiesen imaginado.
Un ejemplo claro lo he tenido siempre en mi hermana. Recuerdo con nitidez el día en que agotada llegó antes de lo normal a casa. Solía quedarse con varios compañeros para compartir conocimientos, dudas y para trabajar juntos en sus proyectos. Iba con el tiempo al cuello pero no le importaba ayudar a sus compañeros que todavía tenían las ideas menos claras. En el descanso se fue a tomar un café con alguno de ellos y cuando salieron todos se cerró con llave. Al volver al trabajo varios de sus planos habían desaparecido, ¡y la llave sólo la tenían las personas con las que trabajaba!. Desde entonces prefiere no trabajar con nadie o al menos no regalar nada ya que no sólo no obtiene beneficio alguno sino que encima le perjudica. Hay que ser bueno pero no tonto y parece ser que el que no es malo no triunfa.
También se conocen acciones detestables como la repartición de apuntes falsos entre los estudiantes de medicina... pero ya eso lo juzgo de enfermizo y si alguna vez llegan a ser médicos tendrán que aprender primero a curarse a sí mismos.
En mi carrera afortunadamente la competencia no es tan grande pero ahora que llega a su fin, en los dos últimos años, la gente parece inquietarse. No sé si por ser carrera de humanidades, la gente es más humana pero la verdad es que nunca he tenido problemas a la hora de adquirir apuntes o a la hora de prestar y pedir libros a los compañeros. Sin embargo lo que siempre me ha faltado ha sido entablar debates, discusiones o simplemente compartir conocimientos. Quizás en el primer ciclo de la carrera eso puede entenderse porque estamos más descentrados y menos informados pero en cuarto de carrera me parece lamentable que no se hable de nada. Todos sabemos algo, leemos bastante y tenemos nuestros propios juicios pero nadie dice nada por si el de al lado se adueña de alguna idea o simplemente por ese miedo que nos han infundado que nos lleva a pensar por uno mismo y tener cuidado con el de al lado ya que nos puede quitar la plaza de trabajo.
Es algo realmente estúpido y cuando busco libros, becas, cursos o simplemente quiero compartir opiniones sobre las clases parece que es más prudente callarse y cada uno a lo suyo. El fantasma de la competitividad está presente también entre nosotros.
Desde que comenzó el curso he intentado librarme de esos espíritus malignos y aunque sea en círculos minoritarios lo estoy consiguiendo. El compartir conocimientos es igual que compartir experiencias de la vida cotidiana y es una pena que entre estudiantes de una misma carrera, con unas mismas inquietudes (por lo menos en cuanto a literatura se refiere), se compartan sólo apuntes, algún café o comida juntos, e incluso ni eso.

No comments: