1/08/2007

¡Sal de tu culpable minoría de edad!

Para volver a la actividad académica y universitaria tras unas más o menos relajadas navidades (como dice el chiste: ¿las navidades “bien” o “en familia”? ) escribiré una especie de recordatorio para aquellos, en su mayoría jóvenes, que a veces, dejándose llevar por las facilidades que nos ofrecen y prolongando la época de la infancia lo máximo posible, adquieren una posición muy comodona ante la vida negándose a salir de la minoría de edad.
Es más sencillo dejarse arrastrar por la corriente, no plantearse nada o ante la duda, que decidan otros por nosotros (por ejemplo, nuestros padres). Nuestra generación ha crecido con todos los medios y facilidades posibles. Disponemos de bibliotecas públicas con libros de todas las ideologías, sabemos utilizar una fuente de información extensísima como es internet y además podemos acceder a ella fácilmente y por si fuera poco, la libertad para hablar sobre cualquier tema sin tabú alguno está al alcance de nuestras manos.
Pero según vamos entrando en contacto con las polémicas suscitadas en cuestiones políticas, económicas, sociales... y según tenemos que ir tomando decisiones determinantes para nuestro futuro se apodera de nosotros un fantasma que nos aturde, nos minimiza y nos hace sentirnos como un bebe indefenso e incapaz de posicionarse o de decidir por sí mismo. Algunos se agarran de la primera mano que ven sin pensar, ya que buscan ante todo y desesperadamente protección paternal pero otros, ante tal abundancia de manos, prefieren ocultarse bajo la sábana y miran aterrados asomando tímidamente los ojos para observar el panorama tan complejo que se les avecina.
En la década de los veinte y cada vez más también en los treinta todavía no hemos salido de la minoría de edad. No hemos seguido la máxima latina del Sapere Aude, o si lo hemos hecho, ha sido bajo un velo pasional y superficial que no implique un posicionamiento ni un mínimo razonamiento.
Es más fácil sentirse culpable y arremeter contra el sistema educativo que hemos recibido o contra la sociedad o generación en la que hemos vivido. Obviamente todo influye pero ya es hora de que no caminemos cabizbajos o a trompicones y usemos nuestra razón escuchando el eco de la voz del viejo clarín que exclama: ¡atrévete a saber! ¡sal de tu culpable minoría de edad!.

1 comment:

Víctor said...

Es preocupante la cantidad de gente que se atreve a decir que sabe, pero como tu dices, sólo porque se han agarrado de la primera mano que han visto. Conozco un grupo de punks que me han mirado mal por no llevar mallas o cresta, por no compartir "su ideología". Se de uno que fue al mismo grupo, le preguntaron que "él que era" (encájese en una categoría o no puede jugar, señor), y el chaval contestó que anarco-capitalista. Y acto seguido empezó a relatarles de que iba la cuestión. Huelga decir que era un absurdo sin pies ni cabeza. Pues bien, al acabar tenía dos acólitos que lo miraban con cara de pensamiento profundo. Esto es una historia real.

Quiero decir que ni mucho menos tengo algo en contra de los punks. Y menos con este grupo. De hecho, he coincidido varias veces con ellos y la mayoría me caen bien. Esto podría haber ocurrido (tristemente) en muchos otros grupos de diferente ideología. Sólo rechazo esa arrogancia, que a parte de arrogante es absurda por su vacuidad de contenidos. Claro que hablar es muy fácil, y como me temo que sigo en minoría de edad parece incluso cobarde; pero al menos sé que tengo que saber. Paso a paso, supongo...