Borges y el saber
Cuanto más sabes, más sientes que no sabes y más necesitas saber. Por eso Sócrates dijo aquella máxima de “yo sólo se que no se nada”.
Por eso los relatos de Borges hablan de lo inabarcable del conocimiento.
Cada relato borgiano es una fuente de saber, una muestra de erudición y de un pensamiento sólido y fundamentado. Sus cuentos se caracterizan por la intertextualidad y por las continuas referencias a figuras históricas, políticas, literarias o de otras disciplinas y ámbitos como por ejemplo la música.
A un lector de nivel medio como yo, cuando lee sus relatos o incluso alguno de sus poemas, se le escapan muchas cosas y siente la necesidad de leerlo de nuevo. Sucede como cuando uno lee El Quijote y años después lo relee siendo capaz de sacarle mucho más jugo. Además, la ambigüedad de sus textos, inscritos en la corriente del realismo fantástico, da lugar a un sinfín de interpretaciones.
Cuentos como El Aleph o La biblioteca de Babel no tienen caducidad, entre otras cosas porque interpelan al lector incitándolo a adoptar una posición o simplemente a reflexionar. Y en eso reside también su interés, condensado en la locución latina: cogito ergo sum. Si pienso, existo y si Borges me hace pensar, también me hace sentir que estoy vivo.
Resulta paradójico que sea Jorge Luis Borges, escritor de una universalidad y un acervo cultural inmenso, quien nos hable de las limitaciones del lenguaje y del conocimiento humano. Será probablemente por eso de que cuanto más sabes, más sientes que no sabes y más consciente eres de que no puedes saberlo todo.

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