5/04/2008

Soldados de Salamina

El best-seller Soldados de Salamina del escritor y profesor universitario Javier Cercas fue un libro que me encontré por casualidad una tarde de domingo de esas que uno dedica a la lectura de los periódicos o de alguna novelilla liviana.
Era un libro sonado que había tenido mucho éxito y aunque no suelo leer ese tipo de libros sentía curiosidad. Además había sido llevado al cine por David Trueba.
No me meteré con la película porque no tengo conocimientos ni capacidad crítica cinematográfica suficientes como para hacerlo, aunque no hay que ser muy ávido para percatarse de que los actores son malísimos, pero sí con el libro y en concreto, con su estructura y su temática.
Una de las ventajas de este libro es que su tema resulta bastante atractivo. Cuenta la historia del fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas, uno de los fundadores de la falange, desde una perspectiva histórica, según su autor, alejada de cualquier ficción novelística. Sin profundizar en la veracidad de los hechos o en si su visión imparcial conlleva un posicionamiento, lo que está claro es que el tema principal, es decir, la historia de guerra, queda diluida por las historias frívolas semi-autobiográficas del escritor. Cuenta sin gracia su desaliento como escritor fracasado que no publica nada y que ya no sabe de lo que escribir; sus historias sexuales y amorosas, tras un divorcio, con una vulgar pitonisa alejada del intelectualismo al que él supuestamente pertenece y para divertir (o desesperar) también hace partícipe al lector de sus intuiciones y posibles hipótesis resolutivas de la historia. Así que si el libro se compone más o menos de 250 páginas, las únicas que se pueden disfrutar por ser historietas de guerra como las que nos contaban nuestros abuelos, son aproximadamente 50.
Tiene una estructura bastante desequilibrada. Utiliza unas 100 páginas para ubicarnos y situarnos a modo de introducción (¿?) que resultan ser ¡casi la mitad del libro!, 50 páginas que dedica a la historia en sí y por último otras 100 páginas en las que tenemos que sufrir sus infantiles juegos de investigador y detective que quiere averiguar el paradero y la identidad del soldado que no fusiló a Rafael Sánchez Mazas, algo que es totalmente intrascendente en la narración e irrelevante hoy en día.
Me propuse no acabar el libro una vez terminada la historia de 50 páginas, ya que con la "breve" introducción ya había tenido bastante, pero no pude. Necesitaba ver si al final se dilucidaba algo o si de repente el escritor confesaba la inutilidad de sus juegos. Quizás más que necesitar, esperaba con ingenuidad que algo que tanto éxito había alcanzado tuviese un buen final, pero no debía de serlo porque ya casi ni lo recuerdo.

1 comment:

J. said...

espero que no te topes nunca con un libro mio...y si alguna vez escribo, que sea breve y conciso!
un beso