La elección de un tema
La elección de un tema a la hora de hacer un trabajo es una tarea bastante compleja, sobretodo si se trata de hacer un trabajo exhaustivo, crítico y analítico.
Las posibilidades son inmensas y la cantidad de campos y temas que se puede elegir apabullan al alumno que no sabe muy bien a qué atenerse. La tarea mandada es simplemente hacer un trabajo. En mi caso, un ensayo literario enmarcado en un siglo: el diecinueve.
Vale. Hasta ahí todo claro. El problema es que un siglo son 100 años y la producción literaria europea de un siglo es inmensa. Además el desconocimiento de la materia suele traer un desconcierto absoluto. Si no se conoce bien la historia ni la literatura de cada país es difícil elegir. Con lo cual solo nos queda la opción de recurrir a compañeros que nos puedan aconsejar, profesores que nos guíen o padres que hayan leído algunas obras.
Lo peor es que la ignorancia y más aún la curiosidad que de ella se despierta generan un estado de indecisión difícil de paliar que a la hora de elegir y cuando se toma la decisión le dejan a uno todavía dubitativo e insatisfecho.
Desde un punto de vista empírico mi dilema personal fue elegir entre los novelistas Honoré de Balzac y Dostoievski, dos autores contemporáneos pero de dos países, sociedades y culturas distintas (sin mencionar las corrientes literarias e influencias filosóficas...). Uno representante del realismo francés y el otro posible fundador existencialista ruso.
Cuando la elección oscila entre dos temas que son ambos interesantes, desconocidos y en definitiva óptimos para la elaboración de un trabajo se atiende entonces a detalles mínimos, informaciones escabrosas o morbillos que se le puedan a uno presentar. Estas pequeñas cosillas son las que inclinan la balanza y las que al carecer de trascendencia, cuando uno toma la decisión todavía siente esa inseguridad e incertidumbre de si habrá elegido correctamente.
Esas pequeñas cosillas han sido en mi caso la dramática biografía de Dostoievski, el reflejo de ella en su obra y el hecho de que escribiera siete veces la misma historia antes de publicar la definitiva obra El idiota. Además, las condiciones de salud en las que escribía (sufría ataques epilépticos) en comparación con la metódica y ordenada obra de Honoré de Balzac (quien engloba sus novelas en el compendio de La comedia humana ) le añaden un cierto aspecto dramático que contiene su morbillo.
No es necesaria la enfermedad para escribir bien pero muchos de los grandes músicos, pintores y escritores reconocidos sufrían algún tipo de enfermedad o impedimento en sus vidas como la sordera de Beethoven o la epilepsia de Dostoievski.
Quién sabe, quizás en unos años publique yo misma una obra sublime desde el intenso ardor y la acidez.

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