Scoop
Huyendo de la programación televisiva de ayer por la noche (se emitía la final del innovador y denigrante programa Super Modelo) preferí salir en busca de un humor más intelectual o al menos más perspicaz frente a la pantalla grande.
El objetivo era ver la última película del tan admirado cineasta y actor Woody Allen.
Tras hora y media de supuesto entretenimiento me empeñé en buscarle un objetivo a la película y no entendí el provecho o la finalidad que podía tener. El director suele hacer películas cómicas pero ya sus chistes carecen de originalidad y se basan en estructuras repetitivas. Si alguno sigue encontrando simpáticos los personajes que interpreta Woody Allen quizás cobre gusto en este aspecto pero en tal caso todos los demás personajes de la acción sobrarían.
Tampoco es fácil encontrar una enseñanza o un valor pedagógico en la película y es difícil sentirse afectado por valores morales o simplemente por algún sentimiento que nos pueda llevar a la reflexión. Los diálogos de los personajes son superficiales e infantiles que ni siquiera en un contexto irreal se reciben con entusiasmo... Con tanta tontería y niñería acaba uno por aburrirse y siente que la película se está prolongando demasiado dudando si existirá un final que la arregle. Mi ingenuidad e inexperiencia me hacen todavía ser optimista y durante la proyección todavía conservaba ciertas esperanzas pero éstas se vieron destruidas en el momento en que empezaron a aparecer los créditos.
Inevitablemente tendí a compararlo con el realismo mágico característico de las obras del ilustre escritor colombiano Gabriel García Márquez, como es el caso de Cien años de soledad. Este tipo de obras en el que se mezcla la realidad con la ficción me suele dejar bastante aturdida a no ser que estén tratadas con una estética interesante como por ejemplo “Crónica de una muerte anunciada”, del mismo autor.
En resumen, lo que pretendo señalar es que la película de ayer no sólo me dejó confusa y mareada sino que no le encontré sentido alguno ni tan siquiera en un contexto ficticio, real o de realismo mágico. Esa mezcla extraña al no saber tratarla con un carácter literario, desde mi humilde opinión de espectadora, dio como resultado una película bastante mediocre. Se salvaba la elección de la música y algún que otro chiste o mención a obras literarias como La casa de Muñecas de Ipsen, que a personas que les gusta la literatura le sacan una sonrisa. Pero esos pequeños detalles no justifican la obra en sí.
Hay que empezar a desmitificar a los grandes y no seguir pensando que todas las películas de Woody Allen son dignas de alabanza al igual que ya no todo lo que escribe Gabriel García Márquez tiene el ingenio de sus primeras obras. Si no, vean la película o léanse Memorias de mis putas tristes y juzguen por sí mismos.

No comments:
Post a Comment