12/04/2006

Angela arrasa

En un concierto la arquitectura importa, sobre todo porque la arquitectura crea un espacio y un ambiente.
Como reflejaba en mi último post, el jueves me quedé absorta en la atmósfera que me rodeaba sin casi constatar que mi objetivo era ir a ver un concierto. En ese caso me centré más en la descripción de los alrededores que en el propio recinto del concierto y por lo tanto la arquitectura no influyó en el goce de la música. Con esto no quiero decir que el Palau de Sant Jordi sea un lugar entrañable para un concierto pero hace su función para uno de tal magnitud (18.000 personas) y de tales características (un grupo de heavy metal como Iron Maiden)como el del jueves.
Pero en el concierto al que acudí el viernes tuve otra suerte distinta.
No sé por qué pero la mayoría de las veces que he presenciado algún concierto de jazz no me encuentro ni cómoda, ni en el lugar propicio. Supongo que el disfrute de esa música exige un cierto ambiente que hoy en día es muy difícil de crear.
El paraninfo de la Universidad Politécnica de Valencia era el escenario. Una sala destinada para conferencias, conciertos, actos académicos...¿es todo lo mismo?. Igual para otro tipo de conciertos sirve pero el del viernes no sólo necesitaba otro espacio sino otro ambiente e incluso otro público.
Mientras Keith Dunn nos transmitía con su armónica y con su voz toda la melancolía de su alma con el más sencillo y bello blues, nosotros le mirábamos fríos, rígidos y ordenados en nuestras sillas como extraños criticones perfeccionistas que buscan el mínimo fallo técnico para poder descalificar el talento del músico sin dejarse embaucar por su emotividad.
Cuando a Keith Dunn se le unían el pianista, el batería y el guitarrista formando una verdadera blues band había que esperar al arranque del aplauso de alguien que hubiese logrado desvincularse del lugar y se hubiera dejado llevar por la magia de sus improvisaciones.
Y entonces fue cuando la energética y poderosa Angela Brown irrumpió en el escenario con su swing, su salero y su desparpajo intentando insuflarnos un poco de garbo. El escenario tan alto la distanciaba del público mientras ella pretendía a toda costa entrar en contacto con él. Nos provocaba, nos preguntaba, nos hacía cantar y participar intentando compartir con nosotros lo que para ella significaba esa música y aún así parecíamos muñecos inertes de feria que esperan a que alguien los coja y con un par de golpes los espabile y despierte de su letargo.
La arquitectura no era la adecuada y siempre podremos culparla pero el carisma de Angela Brown nos demostró que incluso esas barreras se pueden romper. Algo más complicado es cambiar el pesado hierro que parecía fluir en nuestra sangre y que nos hacía más inexpresivos e inanimados que las piedras.
Aún así ella consiguió este milagro, vaya ángel del blues, Angela...

No comments: