12/05/2006

¿Cuándo llegará el otoño?

Llevo esperando un fuerte soplo de viento desde hace tiempo. Los meses transcurren, los días pasan, las horas se consumen y los minutos en cambio, se hacen eternos. Esa es la consecuencia de la inactiva espera de un giro radical.
Al principio tenía la certeza de que el otoño vendría pronto y las hojas viejas caerían con sus tonos amarillos, rojizos y marrones. Poco a poco me di cuenta de que el otoño no llegaría tan pronto, justo acababa de terminar y los árboles habían mudado ya sus hojas mientras yo había fijado mi vista en ese árbol de hoja perenne sin darme cuenta del cambio de estación. La presencia del otoño tardaría en mostrarse todavía unos meses. Llegará, me decía y de eso estaba y estoy todavía segura. El tiempo sigue transcurriendo y es algo imparable, esa es mi única esperanza.
Mientras tanto, las horas aprisionan mi nostalgia y la encarcelan haciendo la espera interminable. De vez en cuando vienen ráfagas efímeras que no me dan tiempo ni tan siquiera a voltearme, las siento muy débilmente, no sé captarlas y en vez de moverme rozan levemente el contorno de mi cuerpo escaqueándose.
Hoy todo estaba demasiado sosegado y la quietud del ambiente me perturbaba. Necesitaba ver al menos cómo se movía la hoja de un árbol o el pelo largo de una chica apresurada por llegar tarde a clase. Pero ni eso. Todo parecía inerte, inamovible, muerto.
Al entrar en un ambiente cerrado, el aire todavía era más concentrado y la presión hacía una fuerza sobrehumana en mi cabeza que vaticinaba la tormenta. Y así ha ocurrido. Ha llovido. Un rayo y dos truenos se han juntado provocando un suave chispeo.
Y de nuevo una ráfaga, esta vez más perceptible y más intensa tras la soberbia calma que inundaba la atmósfera esta mañana. Una ráfaga recordatoria de que el viento existe y vendrá soplando y removiéndolo todo en el próximo otoño.

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