Retórica engañosa
Ayer volví a caer en la trampa de los programas basura. Aprovechando el descanso de la hora de la cena y puesto que no había un alma rondando por mi piso decidí ponerme la televisión mientras me hacía algo de comer y mientras lo saboreaba tranquilamente.
Mi intención era quedarme unos minutos pero caí en la trampa y ese programa tan denigrante llamado Gran Hermano volvió a persuadirme.
Me enganché porque dos individuos, en especial uno, de vocabulario exquisito y seriedad al hablar, discutían con los verduleros que frecuentan esos programas y con la presentadora perpetua y por cierto, una pesada, de Mercedes Milá. Eran dos concursantes que por lo visto han traído mucha polémica al programa ya que para empezar habían planeado ciertas estrategias dentro de la casa y hablaban claramente de la diferencia como concursante y como persona, en Gran Hermano habían sido concursantes y no las personas que son en realidad.
Confesaré que fue la fluidez y la facilidad de palabra lo que me llamó la atención en un principio. Uno de ellos era conciso, hablaba rápido y en tono determinante, seguro, frío y con un registro culto muy poco frecuente hoy en día. Era un estudiante de periodismo de 24 años que por lo visto había revolucionado a concursantes, padres y demás equipillo de ese fatídico programa.
El asunto es que fui engañada otra vez. Pensé que sacaría algo en claro, que podría descubrir la razón por la que todo el mundo estaba contra ese individuo o simplemente hacerme una idea de lo ocurrido, pero fue imposible... Me tragué todo el programa sin sacar nada en claro. Incluso me metí en internet matada por la curiosidad para ver si en la web oficial aparecía alguna aclaración o historia de lo ocurrido. Pero nada... era mucho más importante poner fotos y noticias de los que habían follado en la casa y de las anécdotas sexuales personales (a uno se le perdió la bolita del piercing en la vagina de la otra y era de lo que más hablaban).
Desencantada me fui a la cama y me puse a leer un rato para olvidarme de todo aquello. Un amigo me ha dicho hoy que ese tío era igual de impresentable que los demás y que dándoselas de listo le salió el tiro por la culata.
Realmente me sentí mal por haberme dejado cautivar por su expresión verbal cuando al fin y al cabo cualquiera que vaya a ese programa suele carecer de inteligencia.
De ahí que no todo aquel que emplee un léxico amplio al hablar tenga que ser por ello inteligente. Hay que intentar no dejarse cautivar por la retórica y fijarse más a fondo en el contenido...

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