1/17/2007

A modo de diario

Es tal la sonrisa que se dibuja en mi cara que no puedo acallar esos gusanillos de emoción que recorren mi cuerpo y siento la necesidad inmediata de contar las fabulosas dos horas que he pasado esta tarde.
Un seminario: un singular grupo de personas se une para hablar de un gran autor, Dostoievski y una de sus novelas más complejas: El idiota.
Comienza la tarde con una exposición de dos miembros del grupo. Dos chicas jóvenes exponen un trabajo de comparación explicando las posibles conexiones con la novela La dama de las camelias de Alejandro Dumas. Nos regalan una meticulosa investigación con citas pertinentes de ambos libros e incluso alguna que otra mención a otros autores y obras literarias.
Comienza el debate. Hoy no existe ninguna voz cantante, el papel principal no reside en uno sino que cuatro o cinco adultos comentan sus observaciones estableciendo un ritmo curioso: momentos de monólogos exquisitamente argumentados y momentos de ágiles pero densos diálogos.
Más tarde interviene otro joven que nos deja estupefactos. Extiende sobre la mesa unos rollos. La curiosidad nos corroe. Para entender la trama de una forma más precisa, para situar una historia en su contexto o simplemente movido por su insaciable curiosidad había buscado en internet unos planos de St Petersburgo con todas las calles citadas en la novela situando incluso el lugar concreto donde se encontraban algunas de las casas donde acaecían importantes acontecimientos.
Por último, otro partícipe distinto relata ordenadamente los sucesos ocurridos en capítulos anteriores recogidos en una relectura personal que nos aclara ciertos hilos que parecían sueltos.
Entre debate y debate cada uno de estos miembros sin darse importancia alguna comparte los frutos de sus reflexiones, conocimientos o investigaciones.
Pierdo la conciencia del tiempo y por lo visto no soy la única, las dos horas convenidas se han extendido a tres. Debemos irnos y queda tanto por decir...pero a la vez las ganas de devorar los siguientes capítulos a comentar me empujan a moverme del sitio. Nos levantamos y el grupo se dispersa, unos se sonríen, otros se despiden y algunos de vínculos más íntimos continúan alimentando su relación yendo a tomarse un café.
Bajo con tres en el ascensor. Mencionan una novela y los tres coinciden en su entusiasmo, uno me mira y me pregunta si la he leído. -No-, contesto. -Pues esta es tu oportunidad-, me dice. En ese mismo instante y con la incomodidad añadida de la estrechez del ascensor abre la cremallera de su cartera y saca la obra. -Como eran baratos había comprado dos por si alguien lo necesitaba, ¡tómalo!-.
Ya no sé qué decir. El obsequio de un libro es la gota que colma el vaso y el final feliz que concluye mi inesperada tarde. Y pensar que horas antes me planteaba no ir por atender mis estudios...

No comments: