11/14/2006

La elección de un tema

La elección de un tema a la hora de hacer un trabajo es una tarea bastante compleja, sobretodo si se trata de hacer un trabajo exhaustivo, crítico y analítico.
Las posibilidades son inmensas y la cantidad de campos y temas que se puede elegir apabullan al alumno que no sabe muy bien a qué atenerse. La tarea mandada es simplemente hacer un trabajo. En mi caso, un ensayo literario enmarcado en un siglo: el diecinueve.
Vale. Hasta ahí todo claro. El problema es que un siglo son 100 años y la producción literaria europea de un siglo es inmensa. Además el desconocimiento de la materia suele traer un desconcierto absoluto. Si no se conoce bien la historia ni la literatura de cada país es difícil elegir. Con lo cual solo nos queda la opción de recurrir a compañeros que nos puedan aconsejar, profesores que nos guíen o padres que hayan leído algunas obras.
Lo peor es que la ignorancia y más aún la curiosidad que de ella se despierta generan un estado de indecisión difícil de paliar que a la hora de elegir y cuando se toma la decisión le dejan a uno todavía dubitativo e insatisfecho.
Desde un punto de vista empírico mi dilema personal fue elegir entre los novelistas Honoré de Balzac y Dostoievski, dos autores contemporáneos pero de dos países, sociedades y culturas distintas (sin mencionar las corrientes literarias e influencias filosóficas...). Uno representante del realismo francés y el otro posible fundador existencialista ruso.
Cuando la elección oscila entre dos temas que son ambos interesantes, desconocidos y en definitiva óptimos para la elaboración de un trabajo se atiende entonces a detalles mínimos, informaciones escabrosas o morbillos que se le puedan a uno presentar. Estas pequeñas cosillas son las que inclinan la balanza y las que al carecer de trascendencia, cuando uno toma la decisión todavía siente esa inseguridad e incertidumbre de si habrá elegido correctamente.
Esas pequeñas cosillas han sido en mi caso la dramática biografía de Dostoievski, el reflejo de ella en su obra y el hecho de que escribiera siete veces la misma historia antes de publicar la definitiva obra El idiota. Además, las condiciones de salud en las que escribía (sufría ataques epilépticos) en comparación con la metódica y ordenada obra de Honoré de Balzac (quien engloba sus novelas en el compendio de La comedia humana ) le añaden un cierto aspecto dramático que contiene su morbillo.
No es necesaria la enfermedad para escribir bien pero muchos de los grandes músicos, pintores y escritores reconocidos sufrían algún tipo de enfermedad o impedimento en sus vidas como la sordera de Beethoven o la epilepsia de Dostoievski.
Quién sabe, quizás en unos años publique yo misma una obra sublime desde el intenso ardor y la acidez.

11/13/2006

Hugo Chávez y los Miserables

El otro día leí un curioso titular en un periódico gratuito de esos que están compuestos de ocho o diez paginillas de artículos breves. El titular decía más o menos así: Hugo Chávez ordena publicar 500.000 ejemplares de Los Miserables para repartirlos a la población.
En un principio la frase me sorprendió y la original ocurrencia que comunicaba me pareció simpática. Unos minutos después anduve reflexionando el porqué de su elección. No me cuadraba mucho el interés que podía suscitar esta novela en las clases populares de su país.
La política de Hugo Chávez está volcada plenamente hacia las clases populares o al menos así lo muestra en su actual campaña electoral. Quiere ayudar a los pobres para que salgan de su miseria, y entonces... ¿les regala un volumen de Los Miserables?.
Para empezar el nivel de analfabetos es considerable pero afortunadamente la mayoría ha ido a la escuela y sabe por lo menos leer. A todos estos los quiere introducir en la novela del siglo XIX... ¿no es un tanto incomprensible su decisión? ¿Por qué ha elegido Hugo Chávez este siglo y este género literario? ¿Pretende distraer al pueblo en la lectura de las novelas decimonónicas?.
Quizás pretendía dirigirse a las clases más elevadas y hechizarlas con su generosa acción. Cuando se lee la noticia se puede pensar en lo fabuloso que es tener un presidente que pretende educar al pueblo regalándole libros, pero... precisamente Los Miserables no es una obra que marcaría como ideal para educar al pueblo e introducirlos en un pensamiento crítico o despertarles una conciencia política y económica para saber elegir a sus representantes y saber cuestionarse los problemas actuales. ¿No sería mejor regalarles un libro de conceptos básicos económicos y políticos? ¿o una Historia de su país o incluso para que crezcan con un espíritu comparativo una Historia Universal?.
No sé si Chávez reflexionó en demasía su decisión. No sé qué fin perseguía. Probablemente pretendía ganar votos entre las clases más altas preocupadas por la educación del país a las que quizás llegase a tocar su corazón viendo los buenos propósitos educativos del presidente. Si por lo contrario pretendía ganar votos entre las clases más bajas, con esta obra les habrá dejado a todos confundidos y estupefactos.
No conozco su objetivo y por lo tanto no puedo juzgar su decisión. Es bonito que un presidente se preocupe por la literatura y comience a regalar libros pero ya que se pone a obsequiar al pueblo con libros podría meditar un poco más el carácter, género y época del libro adaptándose o haciendo un estudio mínimo de las necesidades de su pueblo.

11/10/2006

El uso de "usted" como posible mejora de la educación

Ayer se celebró una gran manifestación en Barcelona. Varios profesores y docentes reclamaban una mejora en las condiciones laborales y una mayor seguridad en los centros educativos.
Cuando lees los casos particulares de varios profesores no acabas muy bien de creértelos. Las historias parecen exageradas y rebuscadas, casi inventadas y es en ellas en donde se verifica que últimamente la realidad supera a la ficción.
Que un niño de siete años llame hija de puta a la profesora nada más entrar por la puerta, que patalee, muerda y amenace sin tan siquiera haber comenzado la clase, es de preocupar. Ayer me contaba un amigo del oficio que tenía un alumno que cada día que iba a clase le preguntaba qué tipo de coche tenía. Ese niño sin duda ha visto muchas películas en la tele y amenazaba al profesor con destrozarle el coche. Me contó una serie de burradas que le decían y cómo para acallarlos se tenía que poner a su altura y soltar él amenazas mayores. A uno de ellos le dijo que tuviese cuidado, que él no le iba a hacer nada pero que tenía dinero para poder pagar a otros que lo hiciesen por él. La verdad es que tales resoluciones sorprenden pero por lo visto hoy en día es lo único efectivo.
Uno de los puntos importantes que señalaban los manifestantes era la falta de autoridad del profesor y la pérdida de respeto por parte del alumno. Particularmente soy partidaria del tratamiento de usted a los profesores y he discutido en varias ocasiones con compañeros que lo ven como algo retrógrado y anticuado. Quizás se ahorraría uno bastantes problemas...
El hecho de que ese uso genere una cierta distancia también genera un cierto respeto. Con nuestros familiares o amigos más cercanos siempre somos más descuidados en nuestras formas y hablamos muchas veces sin pensar lo que decimos. La confianza nos hace ser menos discretos e incluso imprudentes. Con todo ello en el proceso contrario debería ocurrir lo mismo. Si uno trata con cierta distancia y respeto al profesor se llegará a ser más discreto, respetuoso e incluso a hablarle después de haber pensado bastante. No digo que no pueda existir una confianza y complicidad con los profesores pero esa confianza debería de ser un premio al alumno por su comportamiento o por sus mejoras.
Quizás sea un disparate pero si todos los alumnos de hoy en día tratasen de usted a su profesor otro gallo cantaría. Y más hoy en día en el que ya casi se ha perdido este uso de respeto. Si casi no se utiliza, el hecho de emplearlo exclusivamente para dirigirse al maestro enfatizaría más su función.

11/09/2006

Scoop

Huyendo de la programación televisiva de ayer por la noche (se emitía la final del innovador y denigrante programa Super Modelo) preferí salir en busca de un humor más intelectual o al menos más perspicaz frente a la pantalla grande.
El objetivo era ver la última película del tan admirado cineasta y actor Woody Allen.
Tras hora y media de supuesto entretenimiento me empeñé en buscarle un objetivo a la película y no entendí el provecho o la finalidad que podía tener. El director suele hacer películas cómicas pero ya sus chistes carecen de originalidad y se basan en estructuras repetitivas. Si alguno sigue encontrando simpáticos los personajes que interpreta Woody Allen quizás cobre gusto en este aspecto pero en tal caso todos los demás personajes de la acción sobrarían.
Tampoco es fácil encontrar una enseñanza o un valor pedagógico en la película y es difícil sentirse afectado por valores morales o simplemente por algún sentimiento que nos pueda llevar a la reflexión. Los diálogos de los personajes son superficiales e infantiles que ni siquiera en un contexto irreal se reciben con entusiasmo... Con tanta tontería y niñería acaba uno por aburrirse y siente que la película se está prolongando demasiado dudando si existirá un final que la arregle. Mi ingenuidad e inexperiencia me hacen todavía ser optimista y durante la proyección todavía conservaba ciertas esperanzas pero éstas se vieron destruidas en el momento en que empezaron a aparecer los créditos.
Inevitablemente tendí a compararlo con el realismo mágico característico de las obras del ilustre escritor colombiano Gabriel García Márquez, como es el caso de Cien años de soledad. Este tipo de obras en el que se mezcla la realidad con la ficción me suele dejar bastante aturdida a no ser que estén tratadas con una estética interesante como por ejemplo “Crónica de una muerte anunciada”, del mismo autor.
En resumen, lo que pretendo señalar es que la película de ayer no sólo me dejó confusa y mareada sino que no le encontré sentido alguno ni tan siquiera en un contexto ficticio, real o de realismo mágico. Esa mezcla extraña al no saber tratarla con un carácter literario, desde mi humilde opinión de espectadora, dio como resultado una película bastante mediocre. Se salvaba la elección de la música y algún que otro chiste o mención a obras literarias como La casa de Muñecas de Ipsen, que a personas que les gusta la literatura le sacan una sonrisa. Pero esos pequeños detalles no justifican la obra en sí.
Hay que empezar a desmitificar a los grandes y no seguir pensando que todas las películas de Woody Allen son dignas de alabanza al igual que ya no todo lo que escribe Gabriel García Márquez tiene el ingenio de sus primeras obras. Si no, vean la película o léanse Memorias de mis putas tristes y juzguen por sí mismos.

11/08/2006

El olvido de la ortografía

“Pase ha recoger la llave por conserjeria”

Esta frase es el último documento escrito de interés ortográfico que he encontrado en el mismo portal de mi casa. Este tipo de notas se encuentran diariamente y debido a su frecuente aparición poco a poco dejan de sorprendernos y no nos llaman la atención. Pero todavía a algunos nos duelen los ojos cuando nos encontramos con esta clase de anuncios o instrucciones como “hechen las luces” al entrar al garaje. Lo peor de todo es cuando uno se entera del autor de dichos mensajes que resulta tener una de las ingenierías más prestigiosas actualmente, como por ejemplo ingeniería aeronáutica.
Las letras están en general bastante menospreciadas pero el quid de la cuestión es que están empezando a ser olvidadas y eso es algo preocupante. Una persona con estudios debería de saber escribir correctamente y aunque se permitan ciertos despistes ortográficos hay algunos que no deberían aceptarse.
Si no sabemos escribir correctamente no nos entenderemos. Ya en el primer tratado ortográfico de la Real Academia incluido en el Diccionario de Autoridades de 1726 se resalta la importancia de la ortografía en una lengua:

“Una de las principales calidades, que no solo adornan, sino componen qualquier idioma, es la Orthographía, porque sin ella no se puede comprender bien lo que se escribe, ni se puede percebir con la claridad conveniente lo que se quiere dar a entender.”

Si no se sabe escribir correctamente la comunicación puede dar lugar a equívocos. Y hoy en día la falta de comunicación o la mala comunicación es uno de los problemas más candentes de nuestra sociedad. Como no se sabe escribir bien, no nos entendemos bien y entonces lo más fácil es dejar de escribir. Es más fácil recurrir al teléfono o a la comunicación oral.
De ahí que la ortografía es extremadamente importante y sin saberlo ha podido influir en el olvido de la escritura y en la incomunicación actual.

11/07/2006

Cambio de tiempo

Es bastante probable que el tiempo climatológico afecte al estado anímico de una persona pero lo que es casi cierto es que la mayoría de las veces las personas nos sentimos insatisfechas del clima del momento (aunque en verano el índice de quejas sea menor).
Además el hablar del tiempo es uno de los temas más recurrentes a la hora de entablar una conversación. En situaciones cotidianas como el encuentro de un vecino en el ascensor se suelen utilizar frases típicas como: “buff, qué calor que hace hoy”, o “¡vaya tiempo más desastroso para esta época del año!”.
Hace un par de semanas mi compañera de piso mencionaba su insatisfacción e incluso estaba indignada de que en noviembre tuviésemos un tiempo tan bueno. Quería empezar a estrenar su ropa de invierno... No entendí muy bien esa prisa y pensé que era estupendo poder gozar de un cielo tan azul y de esa luz que transmitía tanta energía y alegría.
Unos días más tarde con el estrés de la universidad y la cantidad de trabajo que nos mandaban reflexioné sobre lo que me había dicho mi compañera y aunque fuese por otros motivos también deseé que viniese un poco de frío y mal tiempo. Con ese sol y ese calor no me apetecía nada quedarme en casa trabajando porque de alguna manera sentía que me perdía la tarde.
Nuestros deseos se han hecho realidad y ahora puedo quedarme en casa leyendo sin ningún remordimiento de perderme el descubrir los lugares más recónditos de la ciudad o disfrutar de un buen paseo por la playa. Con la constante lluvia y el cielo grisáceo apetece más dedicarse al estudio y a la lectura.
Pero como con el tiempo nunca se está satisfecho ya he tenido un par de conversaciones triviales esta mañana jurando y perjurando por la dichosa lluvia que inundaba las calles y traía consigo el otoño. Hasta mi compañera de piso había cambiado su cara y salía de casa con ánimo cansado y fastidiada por tener que llevar un trasto más, el paraguas.

11/06/2006

Falta de tiempo

Es frecuente oír la frase: no tengo tiempo libre, en boca de niños, jóvenes e incluso adultos. Hoy en día nadie tiene tiempo libre porque se realizan multitud de actividades lucrativas, deportivas o culturales para llenar esas horas no dedicadas al trabajo o al estudio. Es difícil aburrirse hoy en día con tanta actividad. Ya desde pequeños los padres envían a sus hijos a clubes deportivos, a escuelas de música, de baile y para aquellos que van mal en la escuela a clases de apoyo o clases complementarias a sus estudios. En resumen, queda poco tiempo para la reflexión y el pensamiento.
De pequeños, el realizar tantas actividades es algo comprensible porque además de que se tiene más energía no se necesita mucho tiempo para pensar pero según vamos aumentando en edad las horas que dedicamos al pensamiento y a la reflexión deberían crecer proporcionalmente.
En la universidad que es donde se supone que debemos de desarrollar un pensamiento crítico, informado y dotado de una cierta madurez, seguimos el mismo comportamiento que en la infancia y la adolescencia. Cada vez picoteamos más de todo yendo a un número sin fin de espectáculos y conciertos empeorando hasta tal punto en que uno es capaz de llegar a cuarto de carrera y no saber quién es el Ministro de Educación del Gobierno (por decir alguno que nos sea más próximo a los estudiantes).
Pero eso sí, habremos probado una ingente cantidad de actividades a lo largo de nuestra vida a pesar de no haber profundizado en la mitad de ellas. Habrás probado hacer teatro, te habrás metido en un equipo de fútbol, de natación o de atletismo, habrás recibido clases de música en algún conservatorio o escuela, habrás bailado algún tipo de danza desde ballet, hip-hop, funky hasta danza del vientre o capoeira, si no, irás a un gimnasio o serás socio de alguna ciberteca con concursos y campeonatos del último videojuego de moda o miembro de algún grupo que se reúna las tardes a jugar al rol.
En conclusión, te queda poco tiempo y ese poco tiempo se dedicará por supuesto a relajar la mente y el cuerpo (todo suposiciones) viendo la tele o saliendo de fiesta con los amigos. ¡Claro! El Ministro de Educación no sé quién es pero de las setenta discotecas que hay en tu ciudad seguro que has visitado la mitad de ellas por lo menos una vez.
Nuestra vida pasa muy deprisa porque lamentablemente no tenemos tiempo libre para dedicarlo a reflexionar y pensar. Consumimos la vida siguiendo al máximo el tópico del Carpe Diem y con la excusa de que igual mañana morimos en un accidente de tráfico. Es bastante posible que eso ocurra pero no hay que ser tan radicales y tomarse las cosas con más calma o perderemos la cabeza de otra manera. El hombre no es una fuente de energía inagotable.
Ya lo decía sabiamente una de las figuras más significativas de la literatura francesa decimonónica, el novelista Honoré de Balzac : si se vive intensamente, se quema la vida.